lunes, 6 de junio de 2011

FALSO Y PLÁSTICO (MEDIOCRE)

Cierro los ojos y solo puedo ver el poema de tu rostro,
añorar el calor de tu mirada temblorosa y transparente,
deseando que me juzgue y me desnude.

Puedo ver cada lunar en tu perfecta silueta,
invadir sin temor tu dulce cara y tu pecho fino,
como cada estrella adornando el cielo mas solemne.

Cierro los ojos y veo tus majestuosas piernas,
aquellas que no me dejan dormir por las noches.

Puedo ver tus manos diminuta y serenas,
cerrándose delicadamente sobre las mías.

Cierro los ojos y puedo escuchar tu alborozada voz,
hablando con ternura desmedida sobre mi oído,
haciendo que todo lo demás pierda cualquier sentido.

Puedo sentir cada centímetro de tu tersa piel,
respirando resoplante y ambiciosa sobre la mía,
entrañable en cada silaba y cada suspiro.

Cierro los ojos y solo puedo ver tu boca perfecta,
tus labios rosa y húmedos merodeando mis mejillas,
y puedo sentir el aroma de tus besos enardecidos,
y tus labios de fuego luchando impetuosos con los míos,
y me pregunto porque de pronto estoy flotando en el celaje,
me pregunto porque de pronto ya nada tiene importancia.

Me puedo ver en lugares en los que nunca he estado,
hablando con personas que nunca he conocido,
escuchando voces que jamas he oído.
Puedo escuchar como cruje mi armadura
y ver como quedo desnudo ante tu apacible figura.

Todo eso veo y escucho y siento,
y cuando abro los ojos y no te veo alrededor,
mi frió cuerpo pregunta por la sinceridad de tus palabras,
me pide atormentado la quietud de tu presencia.

¡Todo lo que puedo hacer es cerrar de nuevo los ojos y borrar esas imágenes de mi cabeza!

lunes, 18 de abril de 2011

Caminando sobre hielo

Muerte en el cielo,
gente asustada corriendo a sus casas,
quejándose mediocres de esto y lo otro.
Magnificas nubes destruyendo toda esperanza.
El sol se esconde, dejando espacio a la locura.
Niños débiles atónitos llorando al ritmo de la lluvia.
Muerte en las calles, desnudas estupefactas.
Miedo en las calles, desnutridas destruidas.
Una música lejana, notas tristes y de muerte, perfectas.
Truenos retumban azotan la ciudad,
con sus débiles luces parpadeando miedo.
Dientes rechinan perdiendo el control.
Es el fin de la humanidad.
Ni el dinero ni el poder pueden esconderte,
te alcanzará en la mansión silenciosa,
en la insignificancia de sus muros,
el cielo le escupe su violencia a la humanidad.
Esas tres poderosas notas que agreden tu cabeza,
esas nubes negras vomitando sobre la tierra.
Siento cada gota en mi cabeza desnuda,
siento el miedo huir de mis venas azules,
puedo escuchar la música de la muerte,
mientras me río sin parar de toda esta gente muerta,
tapando esquizofrenicos sus oídos incultos ignorantes.
Ciegos ante la música de los dioses.
Soy el único que levanta la cara,
te doy la bienvenida fin de los tiempos.
Mañana el sol saldrá de nuevo,
rodeado de majestuosas nubes rosa.
Todos respiran de nuevo y regresan a sus jaulas.
Mientras tanto mis esperanzas se marchitan
y esperan otra catástrofe en la tierra.
Y el cielo vuelve a la vida.
Y yo vuelvo a morir...

sábado, 2 de abril de 2011

Último (el licuefaccionista)

Familia. Parientes. Niños

Risas. Palabras. Mujeres viejas.

¿No hay algo mejor?

Parece que no.

Mi cuerpo me pide algo mejor.

Alcohol y tabaco son lo único que puedo ofrecerle.

Intento abrir un libro. Solo son palabras inútiles.

Intento escuchar música. Sonidos vacíos y ajenos.

Toco algunas notas en mi guitarra,

nada que me haga sentir vivo.

Escribo algunas palabras en mi computadora,

tampoco parece tener sentido.

Me dicen el licuefaccionista. Tampoco soy uno de ellos.

Los días se acaban, el tiempo sigue,

Un amanecer tras otro. El sol se vuelve esconder.

Amor, amor y más amor.

¿No hay mejor que salga de la boca de la gente?

Sexo, dinero y éxito. Sexo. Mentiras.

Insectos sin cerebro.

Prefiero la baba caliente de un perro en la palma de mi mano.

Cuerpos inanimados.

Me recuerdan el color de tus ojos.

Siempre observando, siempre mintiendo.

Locos de odio, enamorados.

Gente superflua.

Inmundicia. Ira. Indiferencia.

Al carajo.

¡Yo también soy uno de ellos!