lunes, 18 de abril de 2011

Caminando sobre hielo

Muerte en el cielo,
gente asustada corriendo a sus casas,
quejándose mediocres de esto y lo otro.
Magnificas nubes destruyendo toda esperanza.
El sol se esconde, dejando espacio a la locura.
Niños débiles atónitos llorando al ritmo de la lluvia.
Muerte en las calles, desnudas estupefactas.
Miedo en las calles, desnutridas destruidas.
Una música lejana, notas tristes y de muerte, perfectas.
Truenos retumban azotan la ciudad,
con sus débiles luces parpadeando miedo.
Dientes rechinan perdiendo el control.
Es el fin de la humanidad.
Ni el dinero ni el poder pueden esconderte,
te alcanzará en la mansión silenciosa,
en la insignificancia de sus muros,
el cielo le escupe su violencia a la humanidad.
Esas tres poderosas notas que agreden tu cabeza,
esas nubes negras vomitando sobre la tierra.
Siento cada gota en mi cabeza desnuda,
siento el miedo huir de mis venas azules,
puedo escuchar la música de la muerte,
mientras me río sin parar de toda esta gente muerta,
tapando esquizofrenicos sus oídos incultos ignorantes.
Ciegos ante la música de los dioses.
Soy el único que levanta la cara,
te doy la bienvenida fin de los tiempos.
Mañana el sol saldrá de nuevo,
rodeado de majestuosas nubes rosa.
Todos respiran de nuevo y regresan a sus jaulas.
Mientras tanto mis esperanzas se marchitan
y esperan otra catástrofe en la tierra.
Y el cielo vuelve a la vida.
Y yo vuelvo a morir...

sábado, 2 de abril de 2011

Último (el licuefaccionista)

Familia. Parientes. Niños

Risas. Palabras. Mujeres viejas.

¿No hay algo mejor?

Parece que no.

Mi cuerpo me pide algo mejor.

Alcohol y tabaco son lo único que puedo ofrecerle.

Intento abrir un libro. Solo son palabras inútiles.

Intento escuchar música. Sonidos vacíos y ajenos.

Toco algunas notas en mi guitarra,

nada que me haga sentir vivo.

Escribo algunas palabras en mi computadora,

tampoco parece tener sentido.

Me dicen el licuefaccionista. Tampoco soy uno de ellos.

Los días se acaban, el tiempo sigue,

Un amanecer tras otro. El sol se vuelve esconder.

Amor, amor y más amor.

¿No hay mejor que salga de la boca de la gente?

Sexo, dinero y éxito. Sexo. Mentiras.

Insectos sin cerebro.

Prefiero la baba caliente de un perro en la palma de mi mano.

Cuerpos inanimados.

Me recuerdan el color de tus ojos.

Siempre observando, siempre mintiendo.

Locos de odio, enamorados.

Gente superflua.

Inmundicia. Ira. Indiferencia.

Al carajo.

¡Yo también soy uno de ellos!