martes, 20 de julio de 2010

Dara

Esta hermosa noche en prosa,
tan digna de ser adornada
por el mejor poema de Neruda,
me recuerda cada fibra de tu ser.
Esta vacía oscuridad: tu mirada.
Joven, ansiosa, pretenciosa.
La brisa congelada y silenciosa:
tu dulce, dulce voz,
ligera como las grises nubes
que el furioso viento mueve.
Aquellas diminutas estrellas,
luciérnagas inmóviles y descarnadas,
son como cada lunar en tu cuerpo,
salvaje y aterrador. Perfecto.
Y la luna. Maravillosa. Indescriptible.
Como tu alma amordazada.
Inmensa y misteriosa.
Transparente. Indescifrable.
Apacible. Inspiradora.
Tu alma...
Tu alma y la luna...

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